EL 24 DE MARZO DE 1976 TIENE SU COMIENZO MUCHO ANTES: «Acá no se rinde nadie carajo» el grito de un héroe de la patria, HERMINIO LUNA un conscripto asesinado por subversivos

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“Acá no se rinde nadie”

LA OTRA PARTE DE LA HISTORIA DE LOS SUBVERSIVOS TIRABOMBAS ASESINOS (ERP MONTONEROS) QUE NI EN LAS ESCUELAS TE CUENTAN. ADEMÁS, INSISTEN QUERIENDO HACER CREER QUE ERAN 30 MIL DESAPARECIDOS.

Mientras se combatía en diversos sectores, los atacantes avanzaron en un vehículo hacia la Compañía Comando. El soldado Hermindo Luna se encontraba de imaginaria armado con un FAL mientras sus compañeros descansaban. Al comenzar a escucharse los primeros disparos, un grupo de extremistas ingresó a la compañía, encontrándose de frente con el soldado Luna. De acuerdo a los testimonios de los conscriptos y los montoneros, el siguiente diálogo:

– Atacantes: Rendite, negro que con vos no es la cosa.

– H. Luna: ¡Acá, no se rinde nadie ¡mierda!

Tras la respuesta el bravo Hermindo Luna abrió fuego con su FAL para permitir el repliegue y la reorganización de sus camaradas, sin embargo él fue abatido por un terrorista con disparos de FAL muriendo heroicamente después de agonizar varios minutos mientras era auxiliado por un compañero.

En el informe titulado “Operación Primicia” escrito por Montoneros describieron la acción en la que murió H. Luna:

“El cuartelero del retén, que estaba en la puerta de la compañía observa la maniobra y advertido de la situación (disparos sostenidos en la Guardia y hombres armados y vestidos de azul) monta su arma y se parapeta dentro de la compañía, desobedeciendo las órdenes de rendición, que es contestada adentro con disparos de FAL; se ataca con fuego de metralletas y granadas consiguiendo desalojar de la cuadra y obliga a los soldados a retirarse a los baños (…)”.

La respuesta del soldado dio tiempo a sus compañeros a replegarse. De no haber cumplido con su misión, con seguridad hubieran sido masacrados como ocurrió en la Guardia.

El soldado Hermindo Luna era un humilde hachero de 20 años que no sabía leer ni escribir. Sus padres concurrieron a retirar el cuerpo descalzos y de luto. Bien pudieron hacer suyas las palabras que en 1806 escribió en una carta dirigida a las autoridades Ángela Zeballos con motivo de la primera invasión inglesa: “sólo doy lo que tengo, mi hijo pa´ soldado”.

Pero el espíritu de Hermindo Luna y sus compañeros seguirá presente en el recuerdo de los argentinos agradecidos, en las poesías y en las canciones populares de las que fue objeto, ya convertido en leyenda.

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