El viernes 7 de agosto, el Financial Times publicó un extenso artículo sobre Wamani, el gigantesco refugio en San Carlos que un grupo de empresarios está preparando en la provincia ante la posibilidad de una guerra mundial o un colapso global. El proyecto no está solamente en los papeles: ya cuenta con construcciones, domos y hasta una pista de aterrizaje. Detrás de Wamani está justamente Varsavsky, empresario argentino-español vinculado durante décadas al mundo tecnológico, las telecomunicaciones, las energías renovables y la biotecnología. Entre quienes ingresaron al proyecto aparecen Alec Oxenford (nuestro embajador en EE.UU) y Dan Lubetzky, fundador de la empresa Kind.
Apenas un día antes de la publicación, el Senado había debatido la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuyo texto original incluía cambios en las restricciones para la adquisición de tierras rurales por extranjeros. Wamani, sin embargo, es anterior a esa discusión: Martín Varsavsky compró la propiedad en diciembre de 2023 junto con otros cinco empresarios argentinos y estadounidenses.
Detrás de Wamani está justamente Varsavsky, empresario argentino-español vinculado durante décadas al mundo tecnológico, las telecomunicaciones, las energías renovables y la biotecnología. Según el Financial Times, construyó una fortuna estimada en US$700 millones y considera que Argentina podría transformarse en uno de los lugares más seguros del planeta frente a un conflicto de grandes dimensiones. Su razonamiento se apoya en la distancia respecto de los principales objetivos nucleares del hemisferio norte y en la capacidad del país para producir alimentos y energía.
La propiedad ocupa unas 32.000 hectáreas en las estribaciones de los Andes mendocinos, cerca de Eugenio Bustos. El terreno incluye varias montañas, una de ellas de alrededor de 5.000 metros, y más de 80 kilómetros de caminos internos. Durante los últimos dos años comenzaron a aparecer pequeñas viviendas prefabricadas, domos geodésicos y una pista desde la cual podrían operar aviones. El nombre tampoco es casual: Varsavsky eligió Wamani, una palabra quechua que significa “guardián de las montañas”, como homenaje a una mujer que hablaba esa lengua y que lo cuidó durante su infancia.
El objetivo es que el lugar pueda funcionar con la menor dependencia posible del exterior. Los edificios cuentan con paneles solares, planean incorporar ganado y los propietarios incluso analizan comprar un campo todavía más grande en los alrededores para producir cultivos. También estudian descargar grandes modelos de inteligencia artificial en computadoras alimentadas con energía solar para mantener una especie de internet reducido si algún día dejaran de funcionar los servidores mundiales.
La idea puede sonar extrema, pero Varsavsky sostiene que el escenario que intenta anticipar no está tan lejos. “Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial”, aseguró al periódico británico al describir un mundo dividido en bloques enfrentados. Para él, tener preparado un sitio alejado de los grandes centros de poder simplemente es una forma de reducir riesgos.
Entre quienes ingresaron al proyecto aparecen Alec Oxenford y Dan Lubetzky, fundador de la empresa Kind. Varsavsky posee la mitad de Wamani y sus cinco socios se reparten el otro 50%. No buscan, al menos por ahora, encerrarse bajo tierra en un búnker: la propuesta apunta a formar una pequeña comunidad capaz de producir energía, conseguir alimentos y continuar funcionando aunque buena parte de la infraestructura mundial quedara paralizada.
Varsavsky incluso puso una línea bastante concreta sobre cuándo dejaría su vida habitual para instalarse allí. Contó que acordó con su esposa que, si China avanzara sobre Taiwán o Rusia sobre los países bálticos, se mudarían inmediatamente a Wamani. Mientras ese escenario no ocurra, sus propietarios utilizan el campo para pasar vacaciones y continúan sumándole infraestructura.



















