Enrique Cresto vio las vallas colocadas alrededor de la Casa de Gobierno por el tratamiento de la reforma previsional y escribió que eran “del año del choto”, porque —según recordó— no se utilizaban desde hacía más de 25 años. Lo que omitió mencionar es que, si uno retrocede un cuarto de siglo en la política entrerriana, seguramente encuentra a algún integrante de su familia ocupando un cargo, gobernando Concordia o negociando con el poder de turno.
En efecto, Juan Carlos “Calucho” Cresto fue intendente de Concordia entre 1995 y 1999, durante el segundo gobierno de Carlos Menem, y regresó al municipio entre 2003 y 2007. Enrique inició después su propia colección de cargos: diputado provincial, senador, intendente, funcionario nacional y nuevamente diputado. Cambiaron los presidentes, los gobernadores y hasta las vallas, pero los Cresto siguieron estando.
Por eso resulta gracioso escuchar al actual diputado presentarse como sorprendido frente a las herramientas del poder. El crestismo atravesó el menemismo, el bustismo, el urribarrismo, el bordetismo y el gobierno nacional de Alberto Fernández. Durante la presidencia de Mauricio Macri, Cresto tampoco encabezó ninguna resistencia heroica: como intendente se fotografió con Macri y Rogelio Frigerio, firmó convenios y destacó públicamente la necesidad de trabajar “desde el consenso” con la Nación.
Eso no significa que estuviera mal gestionar obras para Concordia. Significa que no puede venderse ahora como un recién llegado que descubre que los gobiernos ajustan, vallan edificios y protegen a las legislaturas cuando esperan protestas. Los Cresto convivieron con casi todos los modelos económicos, apoyaron a los gobiernos peronistas cuando aplicaron sus propios ajustes y aprendieron rápidamente a negociar con los gobiernos de otro signo cuando tenían recursos para repartir.
Las vallas podrán ser antiguas, pero más antigua es la costumbre de algunos apellidos de ubicarse siempre cerca del poder. Cresto las mandó “al año del choto”; las vallas, si pudieran hablar, probablemente le contestarían: “Enrique, nosotros te conocemos de toda la vida”.



















