Sin lugar a dudas, Gustavo Bordet y Enrique Cresto son los responsables de la histórica derrota del peronismo en Concordia, en manos de un mediocre intendente, además de hundirla en la mayor pobreza de la historia, ahora el dúo perdedor reapareció y juntos en la sede del PJ para cuestionar a las actuales gestiones y reivindicar el pasado peronista. Después de gobernar Concordia durante dieciséis años consecutivos y perder una ciudad que el justicialismo controlaba desde 1983, ahora pretenden presentarse como la solución de los problemas que no pudieron resolver.
Gustavo Bordet y Enrique Cresto volvieron a compartir escenario en la sede del Partido Justicialista de Concordia. La convocatoria incluyó un informe sobre la situación de OSER, críticas a Rogelio Frigerio y Francisco Azcué y el habitual llamado a la unidad partidaria. Pero el verdadero dato político fue otro: los mariscales de la derrota están de regreso y aseguran tener la fórmula para sacar a Concordia de la crisis. La fórmula, por supuesto, consiste en que vuelvan ellos.
Cresto ensayó una autocrítica cuidadosamente limitada. Admitió “errores” de las anteriores administraciones peronistas, aunque rápidamente trasladó el centro de la responsabilidad al gobierno de Frigerio, al que acusó de profundizar los problemas y desarmar políticas de la gestión anterior. Bordet, por su parte, apuntó contra Azcué y comparó la actual situación de los barrios, las calles, los comedores y los Centros de Desarrollo Infantil con la supuesta presencia estatal de los gobiernos peronistas.
El relato podría resultar convincente si Bordet y Cresto hubieran llegado ayer a la política concordiense. Pero no son comentaristas recién descendidos de una nave espacial. Bordet gobernó la Municipalidad entre 2007 y 2015 y Cresto lo sucedió entre 2015 y 2023. Fueron dieciséis años consecutivos administrando la misma ciudad que ahora describen como víctima de un desastre ajeno.
Nadie puede negar los errores, improvisaciones y contradicciones de la gestión de Azcué. Tampoco corresponde eximir a Frigerio de sus responsabilidades. Pero criticar al presente no alcanza para blanquear el pasado. La crisis estructural de Concordia no comenzó en diciembre de 2023, ni apareció por generación espontánea con el cambio de gobierno.
Al finalizar 2025, Concordia registró un 49,9% de personas bajo la línea de pobreza y un 13,6% de indigencia, los porcentajes más altos entre los 31 aglomerados relevados por el INDEC. Son 83.268 personas pobres en una ciudad que durante décadas fue gobernada por el mismo espacio político.
Es cierto que esos números también interpelan de manera directa a la actual administración. Pero constituyen, sobre todo, la fotografía de una pobreza estructural que atravesó años de discursos, planes sociales, anuncios de obras, funcionarios nacionales, gobernadores, intendentes y presupuestos millonarios. Bordet y Cresto no pueden pararse frente a esa realidad como simples espectadores indignados.
En 2023 los concordienses pusieron fin a cuarenta años de gobiernos justicialistas. Azcué obtuvo el 43,9% de los votos y derrotó por más de seis puntos al candidato del oficialismo, Armando Gay. No fue solamente una alternancia electoral: fue el rechazo a un sistema político agotado, cerrado sobre los mismos apellidos y cada vez más alejado de una sociedad empobrecida.
La expresión “mariscales de la derrota” no fue inventada por sus adversarios externos. Surgió del propio PJ de Concordia después de que Bordet y Cresto volvieran a reunirse en 2024. Desde el partido los responsabilizaron por haber perdido la provincia y la ciudad, les reprocharon la falta de autocrítica y los acusaron de continuar tomando decisiones desde una mesa chica.
Dos años después, la escena parece repetirse. Los mismos dirigentes, los mismos apellidos y el mismo llamado a la unidad, entendido demasiadas veces como una invitación para que todos vuelvan a ordenarse detrás de quienes condujeron al peronismo hasta la derrota.
Bordet y Cresto tienen todo el derecho a participar, opinar y competir. Lo que no pueden reclamar es el beneficio de la amnesia colectiva. Si pretenden regresar, antes deberían explicar por qué Concordia siguió encabezando los índices de pobreza después de tantos años de poder; por qué el peronismo perdió su principal bastión electoral y por qué la renovación partidaria siempre termina reuniendo a las mismas personas.
Porque una cosa es señalar los errores de Azcué y Frigerio, y otra muy distinta es utilizar esos errores para reescribir la historia.
Los mariscales de la derrota volvieron al PJ con una receta conocida: hablar del desastre presente, borrar el desastre heredado y ofrecerse nuevamente como salvadores. En Concordia pueden cambiar los discursos, las consignas y los enemigos de turno. Lo único que nunca parece cambiar son los candidatos a quedarse con el poder.



















