CONCORDIA, BASTION DEL PERONISMO ENTRERRIANO PUSO TRES GOBERNADORES EN EL SILLÓN DE URQUIZA Y VARIAS INTENDENCIAS, ELLOS ESTÁN TODOS MILLONARIOS PERO CONCORDIA CAYÓ A LOS MÁS PROFUNDO COMO LA CIUDAD DE MAYOR POBREZA Y MISERIA DEL PAIS, ESO LE DEJÓ LA POLÍTICA A CONCORDIA.
El acercamiento político entre Francisco Azcué y Enrique Cresto sacudió Concordia en 2024. El intendente que había terminado con cuatro décadas de hegemonía peronista convocó a su antecesor a un gran acuerdo, abrió una crisis dentro de su propia coalición y prometió una nueva cultura política. Pero el pacto con la dinastía Cresto nunca terminó de tomar forma: la ceremonia final fue convertida en un acuerdo con instituciones, sin partidos, y poco más de un año después Cresto afirmó que con Azcué ya no tenía “punto de contacto” político.
El entendimiento que alteró el tablero político de Concordia terminó diluido: hubo foto, crisis interna y un documento institucional, pero no sobrevivió el pacto político Azcué-Cresto.
La historia comenzó como un gesto de amplitud. En junio de 2024, Azcué anunció un “acuerdo político y social con todos los partidos y todas las instituciones”. Enrique Cresto estaba incluido. El acercamiento resultaba explosivo: Azcué había ganado la Intendencia prometiendo un cambio después de cuarenta años de gobiernos peronistas y su administración ya denunciaba presuntas irregularidades de la gestión anterior.
El problema no era que un intendente dialogara con su antecesor. El problema era la falta de claridad. Nadie explicaba qué se había acordado, qué papel tendría Cresto ni qué recibía cada sector a cambio de la convivencia política.
La reacción fue inmediata. Rogelio Frigerio declaró que no tenía conocimiento de un pacto entre Azcué y Cresto, mientras dentro de la UCR y el PRO crecían los cuestionamientos. Azcué tuvo que aclarar públicamente que “el acuerdo no es con Cresto” y que tampoco buscaba un cogobierno ni una alianza electoral.
La aclaración llegó después de que el propio intendente hubiera convocado a partidos, dirigentes e instituciones. El pacto político empezaba así a ser desmentido por su principal impulsor.
La crisis no fue gratuita. En febrero de 2025, Letra P reconstruyó que el acercamiento Cresto-Azcué provocó un cimbronazo en la gestión y vinculó ese proceso con las salidas del jefe de Gabinete y presidente del PRO, Eduardo Caminal, y de la entonces secretaria de la Intendencia y titular de la UCR, Lorena Aguilar.
El llamado “Pacto de Julio” finalmente se firmó el 17 de agosto de 2024. Sin embargo, ya no era el acuerdo político que había encendido la polémica. El documento fue rubricado por universidades, entidades religiosas, cámaras empresariales, sindicatos, clubes, organizaciones sociales y otras instituciones intermedias.
El propio Azcué reconoció después que los partidos políticos no fueron incluidos en la firma. El texto reunió diez objetivos generales: seguridad, educación, equilibrio presupuestario, infraestructura, desarrollo local, cohesión social, inclusión, ambiente, energía y salud.
Así quedó licuado el entendimiento original. El pacto que comenzó con Azcué convocando a Cresto terminó presentado como una red institucional. El componente político que había provocado la crisis desapareció de la ceremonia, pero las consecuencias dentro del oficialismo ya estaban producidas.
En febrero de 2025 todavía se informaba que Azcué y Cresto hablaban seguido e intercambiaban opiniones. Pero siete meses después el propio Cresto dio por terminado el entendimiento político.
“Con Azcué se puede decir que no tenemos punto de contacto, porque quedamos en las antípodas de dos proyectos políticos totalmente diferentes”, declaró el exintendente en septiembre de 2025. Aclaró que conservaban una buena relación humana, pero atribuyó el distanciamiento político al alineamiento de Azcué y Frigerio con La Libertad Avanza.
La frase puso fecha al fracaso del experimento: lo que había sido presentado como una nueva forma de construir consensos no resistió el reordenamiento electoral. Cuando cambiaron las alianzas nacionales, el pacto local se evaporó.
Enrique Cresto no es un dirigente más. Su apellido representa una estructura familiar que ocupó cargos municipales, provinciales y nacionales durante generaciones. Azcué llegó al poder como expresión del recambio frente a esa continuidad, pero a los pocos meses buscó incorporarla a su esquema de acuerdos.
Dos años después, la relación política está rota y la coalición que llevó a Azcué a la Intendencia atraviesa sus propias tensiones. En julio de 2026, dirigentes de la UCR, el PRO y otros espacios aliados reclamaron públicamente más diálogo y participación en las decisiones municipales.
El pacto no logró unir a los adversarios ni ordenar a los aliados. Tampoco existe una rendición pública integral que permita medir cuánto se cumplió de aquellos diez objetivos firmados en 2024.
El resultado es una parábola conocida: Azcué prometió superar la vieja política, se acercó a la dinastía Cresto, pagó costos dentro de su propio frente y terminó nuevamente enfrentado con el exintendente. Concordia se quedó con un documento de buenas intenciones y sin una explicación completa sobre qué fue, qué produjo y por qué murió el pacto político que alteró la ciudad.



















