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La tarde del jueves cayó espesa sobre Concordia, pero en ciertos puntos de la ciudad el movimiento policial rompió la rutina con un ruido seco, preciso, casi quirúrgico. Sin sirenas, sin estridencias, los móviles de la División Investigaciones se desplegaron como piezas de un tablero ya estudiado. Era el siguiente capítulo de la causa por presunto enriquecimiento ilícito que tiene en la mira al exgobernador Gustavo Bordet.
Los allanamientos —cuatro en total— se ejecutaron casi en simultáneo. Dos de ellos apuntaron a sucursales de la pinturería Colorshop, una sobre San Lorenzo Este 21, la otra en la transitada esquina de Urquiza y Salta. Los investigadores entraron directo, sin rodeos: buscaban documentación, registros comerciales, cualquier elemento que pudiera encajar en el rompecabezas patrimonial que intenta reconstruir el Ministerio Público Fiscal.
El tercer operativo se montó en Super Color, sobre avenida Independencia 350, en las puertas del barrio La Bianca. Allí también se requisaron oficinas y depósitos, siguiendo una línea de investigación que, según fuentes del caso, apunta a circuitos de facturación y vínculos comerciales que podrían tener relevancia para la causa.
Pero el procedimiento más sensible —y el que generó mayor tensión en el ambiente— ocurrió lejos del ruido urbano, en el silencio prolijo del barrio privado Altos de Zorraquín. La policía ingresó a la vivienda del empresario Salvador Carubia, señalado en la investigación como uno de los presuntos testaferros del exmandatario. La escena fue meticulosa: peritos, testigos civiles, y un operativo que se extendió durante varias horas.
Según pudo saber este medio, en ese domicilio los efectivos secuestraron el teléfono celular de Carubia, dos notebooks y un pendrive, dispositivos que ahora pasarán por pericias forenses para determinar si contienen información relevante sobre movimientos patrimoniales, comunicaciones o registros contables.
Estos allanamientos no son los primeros. A comienzos de mayo, la Justicia ya había golpeado puertas de alto impacto: la vivienda de Bordet en Urquiza 867, una propiedad lindera, otra casa en Villa Zorraquín, y hasta un domicilio en Paraná, perteneciente a la hija del dos veces gobernador entrerriano y actual diputado nacional.
La causa avanza en silencio, pero cada operativo abre nuevas líneas, nuevos nombres y nuevas conexiones. Y mientras la Justicia sigue el rastro del dinero, la trama política y empresarial que rodea al exgobernador se vuelve cada vez más densa, más compleja y más difícil de ignorar.
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